La búsqueda por territorios
El primer territorio explorado fue el obvio: nombres descriptivos en español —mueble, sistema, modular, espacio—. Todos sonaban correctos y ninguno sonaba propio. Competían por categoría, no por punto de vista; cualquier competidor podía apropiárselos mañana. Ese fue el filtro que descartó el territorio: si el nombre puede pertenecerle a cualquiera, no le pertenece a nadie.
El segundo territorio fue lingüístico: buscar una raíz que ya cargara, por herencia, el significado que la marca quería transmitir. Ahí apareció el alemán —el idioma de origen de la Bauhaus— y con él, la palabra que lo cambió todo: Werk